La Práctica del Re-narrar
Re-narrar es la práctica metodológica a través de la cual La Escuela de las Chullachaquis se relaciona con el Territorio de Iquitos. La práctica parte del entendimiento de que el extractivismo se sostiene no solo a través de infraestructuras, economías e instituciones, sino también a través de historias: historias sobre qué es la tierra, para quién es, qué cuenta como progreso y qué formas de vida importan.
Re-narrar en Iquitos significó aflojar el agarre de esas narrativas y abrir espacio para que otras pudieran emerger.
Historias que Mundifican
Las historias no son solo herramientas para describir la realidad o ayudarnos a darle sentido al mundo. Son fuerzas creadoras de mundos que organizan lo que llega a ser pensable: quién cuenta como plenamente humano, qué puede ser tratado como recurso o qué futuros vale la pena construir.
Si las historias dan forma a los mundos, es porque los humanos somos seres con forma de historia. Aprendiendo de Sylvia Wynter, nos comprendemos como más que biológicos: somos a la vez carne e historia, homo narrans. Nuestra biología da lugar a historias, y nuestras historias, a su vez, actúan visceralmente sobre nuestra biología a través de procesos neurológicos, somáticos y bioquímicos. Lo sentimos cada día. Nos angustiamos trabajando bajo historias de productividad capitalista. Nos enfermamos respirando el aire contaminado de las historias industriales del progreso.
Las historias no surgen de la nada. Brotan de tierras, cuerpos, historias y relaciones específicas. Cada historia viene de algún lugar y carga las marcas de los mundos que la produjeron y que ella produce. Entender las historias como situadas en cuerpos, temporalidades y lugares es reconocer que ninguna historia es neutral, universal o inevitable.
Las historias están en el centro de cómo nos relacionamos unas con otras, con el mundo más-que-humano y con el Territorio. Sin embargo, en su acción inspiradora, en su generación de relaciones y en su guía del futuro, no todas las historias nos ponen en relación de la misma manera. Algunas constriñen nuestra capacidad de supervivencia colaborativa, mientras que otras expanden nuestra vitalidad para una vida generativa, responsable y recíproca.
Re-narrar comienza en este medio enredado de muchas historias en competencia, en conflicto, cómplices. Empieza por notar qué historias se han apretado a nuestro alrededor y aprender a aflojar su agarre.
Re-narrar como Práctica
Practicamos el re-narrar como un proceso, un método, una forma de relación, que nos permite sentarnos con narrativas dolorosas y dañinas, notar dónde aprietan, y ensayar gestos de transformación que nos guíen hacia relaciones más recíprocas, cuidadosas y amorosas con las otras y con el mundo más-que-humano.
Re-narrar no es una técnica, ni utiliza una sola técnica. No se limita a escribir, escuchar, hablar o analizar narrativas. Re-narrar puede desplegarse a través del ritual, la danza, el nadar, el caminar, el soñar y muchas otras formas de encuentro encarnado y colectivo.
En La Escuela de las Chullachaquis, re-narrar se volvió una manera de relacionarse con el Territorio a través de múltiples prácticas artísticas y pedagógicas. La aproximación de la escuela al re-narrar emerge de una sintonía específica con cómo las historias del extractivismo arraigan en Iquitos, y con cómo podríamos aprender a colarnos por sus grietas y elevar historias alternativas movidas por la relacionalidad.
A lo largo de la escuela, re-narrar se desplegó a través de cinco orientaciones entrelazadas que dieron forma a cómo escuchamos, sentimos, rechazamos, imaginamos y nos movimos con el mundo. Estas orientaciones no son universales. Responden a la especificidad del trabajo que hicimos y hacemos en La Escuela de las Chullachaquis.
Cinco Orientaciones para Re-narrar
Re-narrar parte del entendimiento de que las historias emergen a través de la relación. No son creadas por cuerpos aislados porque solo pueden ocurrir mediante encuentros entre personas, lugares, temporalidades y materias. Re-narrar es entrar en relación responsable con las muchas presencias que ya participan en la creación de mundos.
Como invitación relacional, el re-narrar busca descentrar la supremacía humana al reconocer que los humanos no son los únicos autores de historias. La práctica nos pide cultivar la sintonía necesaria para percibir las señales, presencias y formas de narración que carga el Territorio. Esto sostiene la creación de condiciones para que historias-otras, a menudo suprimidas bajo órdenes coloniales y capitalistas, ganen impulso, vengan a ser y echen raíces más profundas.
Pero la relación por sí sola no basta. Re-narrar requiere ética relacional. Sin ella, la práctica corre el riesgo de reproducir hábitos extractivos: capturar historias como datos, tratarlas como recursos culturales o cortarlas de las relaciones que les dan vida.
Practicar el re-narrar de manera relacional es por ello aprender a escuchar de otra manera, atendiendo a las historias que cargan la tierra, el agua, los cuerpos y los seres más-que-humanos con responsabilidad, reciprocidad y cuidado.


